MEcanismos del hambre

A este mecanismo es preciso añadir otro, que es periférico y fai labor de los centros. Se trata de la capacidad de autoregulación de la i de células adiposas que liberan su contenido nutritivo con tanta más i; cuanto más voluminosas son y con tanta más lentitud cuanto más «de sean; por ejemplo segun dicen en el incinerador de grasa , una misma cantidad de este agente lipolítico que es nalina, liberará muchos más lípidos en un animal engordado, con los ; los hipertrofiados, que en este animal en estado de delgadez, con adipo bastante vaciados de su contenido.

El resultado de esta propiedad autoreguladora de los adipocitos es un estado de delgadez impuesta, se asiste no solamente a una mayor n dad o avidez de los centros con relación a todo lo que les indica una ili a corto plazo (por ejemplo un estado hipoisquimétrico), sino también i ración más lenta de las reservas lipídicas endógenas. De ello resulta yor privación de los receptores isquimétricos y una señal exacerbada bre. De ahí la tendencia a hacer comidas más frecuentes y abundantes para incinerador de grasa 

A la inversa, en un sujeto engordado artificialmente (o accidenl tras algunos excesos gastronómicos) no solamente los receptores de I les de depleción a cotro plazo se hacen menos sensibles, sino que se un exceso de lípidos circulantes, habiendo sido facilitada su liberacii hipertrofia temporal de los adipocitos. De ahí la maravillosa tendencií tenimiento de la homeostasia ponderal del organismo sano.

CONCLUSIÓN
De lo anterior se deduce que el determinismo del inicio (hambre) (saciedad) de cada comida es, sin duda alguna, de orden metabòlico,ceptible de ser modulado a corto plazo por estimulaciones externas (orales o? gástricas). Estos estímulos actúan sobre «centros» nerviosos que los integran v* los encauzan:

hacia respuestas humorales y metabólicas con el incinerador d egrasa ,
y hacia una alerta específica que dirige sus esfuerzos a la búsqueda, la adquisición y la ingestión de alimentos, denominada comportamiento alimen* tario.

Pero los estímulos fisiológicos no son los únicos que intervienen en el comportamiento alimentario. En la vida cotidiana, numerosas circunstancias particulares introducen distorsiones del comportamiento alimentario regula­dor. Se producen tomas de alimentos no reguladoras, una especie de des\ iaJ ciones comportamentales, toleradas hasta un cierto punto por el aparato regu­lador. Este aspecto del comportamiento, eminente pero no exclusivamente humano, crea en la actualidad problemas socioetológicos considerables. Lo esencial de estas dificultades proviene del hecho de que se hace responsable al sistema regulador de situaciones que no dependen de él.

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